viernes, 5 de abril de 2013

Tragedia vegetariana

Desde muy temprana edad tengo recuerdos. En mis primeros años siempre demostré ser una persona realista, sin embargo no dejaba atrás mi parte soñadora. En las horas de descanso prefería recostarme en el suelo verde a pensar en qué podía haber más allá de lo que mis sentidos me permitieran reconocer.
¡Ah! cierto, permítame presentarme. Mi nombre fue Cardo, y fui el creador de una de las ramas del desarrollo actual que rige a toda mi comunidad. En vida, tuve muchos logros y llegue a ser alguien muy influyente en la toma de decisiones en el territorio al cual siempre pertenecí. Digo que pertenecí porque hoy en día ya no pertenezco a nada, no estoy en ningún lado, solo me inunda la nada y soy nada, pero déjeme le cuento mi historia. Nací en un pequeño territorio redondo. Cuando nací éramos apenas cien los seres que habitábamos este sitio. No teníamos ni idea de qué sucedía, ni el por qué estábamos allí, tan solo sabíamos que éramos seres con una misión y que en algún momento podríamos desarrollarla hasta su fin. Entre todos los que habitábamos este sitio había alguien especial, que desde el principio tomó el liderato y nos encaminó a todos a conseguir objetivos comunes. Su nombre era Eneldo, y era alguien enérgico y emprendedor en lo que se proponía. Bueno... la verdad no se si era, porque quiero suponer que aún sigue en ese paraíso donde compartimos tanto.
Un día, me encontraba mirando un punto en el extremo de abajo de nuestro sitio y observé una grieta. Salí corriendo hasta donde se encontraba Eneldo para informarle lo que vi. En ese momento el me acompañó y bajamos hasta la parte donde observé tal cosa. Él se acercó lentamente, quería tocar pero le daba miedo al igual que a mí. Me preguntó mi opinión acerca del tema pero antes de poder responder se filtró un líquido  por dicha grieta. Una gota, dos gotas, un chorro pequeño hasta que la grieta cedió y entró aquello que nos inundó por completo. Solo miré a Eneldo y le dije -¿Vamos a morir? - pero antes de poder responder él estaba analizando dicha sustancia. Al voltear a verme me sonríó y me dijo que antes de preocuparnos debíamos ver todas las posibilidades. Efectivamente el encontró que dicha sustancia nos permitía alentarnos y movernos con más facilidad. Pero esto duró un tiempo y el efecto se fue. Nos asustamos porque pensamos que jamás volvería a pasar pero no fue así. Este hecho se repitió varias veces hasta que Eneldo propuso que en una de ellas aprovecháramos la situación y saliéramos por la grieta. Y así fue, una vez más nos estábamos inundando y todos en grupo fuimos hasta la grieta y vimos la luz. Ya no éramos cien, ahora éramos mil intentando salir por aquella grieta en orden. Al ver la luz algunos quedamos petrificados y otros querían ir un poco más allá para terminar en el mismo estado que nosotros. Yo no quería estar petrificado así que cada vez que este líquido nos caía encima avanzábamos un poco más. No sé cuanto tiempo pasó después de esto pero logramos avanzar un camino importante lo cual nos dio la idea de lo que debíamos hacer.
Eneldo, siempre pensando en nuestro bienestar pensó que este líquido era enviado por alguien para que nos pudiéramos desarrollar, y entre todos decidimos que debíamos agradecer de alguna forma, así que comenzamos a pensar en qué podíamos hacer por ese ser invisible que nos mantenía con las esperanzas de llegar a algún lado. Debíamos tomar lo que tuviéramos a nuestro alrededor y tratar de enviarlo hacia el exterior. Tomillo encontró algunas bolas extrañas y al machacarlas un poco creaban un olor que para mi gusto era delicioso, así que todos empezamos a hacer lo mismo y todo esto se iba hacia arriba  sitio desde el cual provenía el liquido milagroso. Esperamos que le gustara a aquel ser invisible y al parecer si funcionaba porque aquél líquido seguía dándonos la energía que necesitábamos. Logramos recorrer un gran camino, pero eso sí, solo cuando había luz. Habían momentos en que la luz desaparecía y nos sentíamos todos agotados, tanto que dejábamos de producir dicho aire y nos acostábamos. En ese momento ya éramos alrededor de un millón de seres y muchos que seguían saliendo de nuestro primer espacio. Sin embargo, sabíamos que debíamos continuar y con Eneldo a la cabeza seguíamos adelante.
Cuando salimos de nuestra primera estructura decidimos ir a la luz, pero Eneldo entre más distancia recorría más fatigado se sentía. Por esto, decidió decirle a los últimos de la fila que comenzaran a ir hacia la parte donde no había luz. Sabíamos que era una misión imposible pero necesaria para descartar que allá no estuviera nuestra misión. Algunos valientes se atrevieron a ir. No supimos mucho de ellos por un tiempo, tan solo que seguían vivos y que no encontraban nada. En ese momento el líquido nos volvió a inundar y este líquido también cayó en la parte obscura. Seguimos avanzando hasta que una vez más se nos acabaron las energías. Eneldo, algo agotado decidió irse atrás con los exploradores y me nombró su reemplazo mientras volvía. Eso me emocionó de sobremanera así que comencé a alentar a todos para seguir produciendo ese aire maravilloso y así recibir el líquido de forma más seguida. No supe nada del líder en mucho tiempo, pero no perdíamos las esperanzas, hasta que un día me llegó un mensaje que decía que me preparara porque llegarían provisiones de forma más seguida. No sabía qué podía suceder, pero en el momento ¡comenzaron a llegar muchos más seres cargando este líquido que nos alentaba!. Esto nos dio las fuerzas y seguimos avanzando más y más ya que los que venían con este líquido llegaban uno tras otro de forma imparable.
En mi momento de liderato, tomé una decisión muy importante y me siento muy orgulloso. Le dije a Tomillo que para encontrar nuestro destino debíamos dividirnos. Ya éramos cerca a un trillón de seres y podíamos separar nuestros rumbos para abarcar más de lo que queríamos conocer. Tomillo aceptó su responsabilidad y continuó hacia un lado y yo hacia el otro. Pronto recibí noticias de Eneldo, y al ver que eran felicitaciones me animé a un más y di la orden a Tomillo para que siguiéramos dividiendo los caminos con más y más personas.
Llegó el momento de establecernos en algún sitio, ya que los caminos cada vez cogían más fuerzas, pero necesitábamos sitios especiales para producir aquel aire y así poder recibir más. Establecimos bases, colegios, residencias y hasta bares. Mientras unos se quedaban en esos fantásticos espacios verdes, otros seguíamos avanzando. Que orgullo sentir que ya estábamos logrando algo aunque no supiéramos en ese instante a dónde íbamos a llegar.
En algún momento con mi compañía llegamos a detenernos porque a lo lejos se veía otro camino tal como el que íbamos construyendo. Sabíamos que no era el nuestro porque teníamos conocimiento por qué partes habíamos pasado y por cuales íbamos pasando. Para mayor sorpresa, tenían una base muy parecida a las que nosotros construíamos. Decidimos acercarnos hasta allá, descendiendo un poco logramos tocar la base ya creada por extraños. Que sorpresa saber que no éramos los únicos y que un gran grupo de unos cuantos miles de sixtillones de seres estaban haciendo lo mismo desde unos inicios muy parecidos.No establecimos relaciones de ningún tipo, tan solo al ver que iniciamos igual y continuamos igual para llegar a lo mismo decidimos cada uno retroceder un poco y continuar el camino. Así nos pasó varias veces.
Entre todos, nos conocíamos. Apenas éramos unos cuántos decillones (¿ese número existe?) y entre todos todo era muy familiar. De todos, había alguien que me interesaba. Una hermosa ser que estaba en una de las bases que dejamos en la zona noroccidental. No me pregunten por qué era especial, tan solo se que cuando fundamos su base ella se me acercó y me pidió que la lleváramos en nuestra travesía. Lastimosamente, aún debía terminar sus estudios y le prometí entonces que volvería por ella. ¡Y así lo hice!, un tiempo después regresé a dicha base y la recogí. Su nombre era Violeta y sin dudas en su cabeza tomó unas maletas que tenía listas hace un tiempo y inició su trayecto conmigo. Sucedió entonces lo inevitable: Me enamoré. Es el ser más hermoso que haya visto jamás en vida y sentí que era mi complemento perfecto.
Las cosas evolucionaron y le propuse matrimonio, ella aceptó y me sentí más feliz que de costumbre. Esto hizo que nos decidiéramos por volver a aquella base donde ella nació a vivir del campo, generando el aire que nos mantuvo vivos y alejados de las épocas de travesía y conocimientos. Era el momento de descansar, Eneldo ya estaba muy viejo, y Tomillo y yo pensamos que era el momento también. Habían muchos que podían reemplazarnos y a la fina creo que escogimos bien. Así que ahí estaba yo, con una bella esposa, dos millones trescientos cuarenta y nueve bellos hijos en este fabuloso sector, pero nada podía ser tan bello...

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Estábamos en una tarde descansando un poco cuando un movimiento abrupto se sintió a las afueras de nuestro territorio. Velozmente corrí a la entrada pero ya no había tal. Había sido destruida y no había conexión con los caminos por los cuales llegamos. No había líquido que nos diera fuerzas y estábamos muy débiles. Las construcciones se fueron derrumbando, todo el maravilloso verde que nos rodeaba se fue tornando en un color castaño y una textura áspera, ya no tan suave como lo habitual. Las fuerzas era cada vez menos, y mis hijos iban falleciendo del más joven al más viejo. Al final estábamos mi esposa y yo, Cardo y Violeta sentados mirando ese color castaño que nos rodeaba y cada vez nos dejaba menos espacio para sobrevivir. La miré, ella me miró, nos juntamos, nos besamos hasta que la muerte nos apartó del camino de la vida...
Mi ser ya no era materia. Ya no veía a Violeta por ningún lado. Solo iba ascendiendo sin necesidad de caminos ni esfuerzos. Veía todo de una forma tan diferente, casi irreconocible. A mi mente llegaron las explicaciones del todo desde mi verdadera función hasta la razón del existir de cada quién que nos afectó directa o indirecta mente. Me dolió mucho saber que mi historia terrenal terminó por aquél que ingenua e inocentemente arrancó esa hoja del arbusto que me vio nacer.


Este escrito se lo dedico a mi hermano, a quien insistentemente se la monto cada vez que caminando, mecánicamente arranca las hojas de una planta que está creciendo para darnos un bien. Exagerado o no, le dedico este escrito.